La frivolidad del show
Hace algunos días los colombianos asistimos al programa de Pirry en el que nos informaba sobre los problemas que sufren algunas mujeres que se someten a cirugías plásticas, y durante semanas no se habló de otra cosa en la televisión y en las redes sociales que de la cola de Jessica Zediel. ¡Pobrecita!
Luego, Youtube nos mostró un video que circuló por varios sitios de la red de mensaje en mensaje, de enlace en enlace, como si a todo el mundo le importaran las uñas y el pelo de Laura Acuña y su histeria y su maltrato hacia quienes le sirven. ¡Terrible!
Y más luego, al actor Gregorio Pernía le dio por crear el club anti J. Mario, con video y todo en Youtube porque según él, es lo peor de la televisión colombiana: se burla de todo y de todos, no respeta a nadie. Igual, esa imagen circuló y generó miles de comentarios ¡Catastrófico!
Tres ejemplos de la basura que circula por la red y la televisión colombiana con la que se logra subir el rating de personas cuyo profesionalismo deja mucho que desear: modelos, presentadoras y actores que no le aportan nada a la cultura del país, que brillan por su superficialidad y cuyo oficio es el “chisme”, lo que no exige mayor cosa a la inteligencia humana.
Pero los ejemplos no son para continuar la larga lista de comentarios estúpidos que estos hechos provocaron. Son más bien para ilustrar una crítica a la programación de los dos canales nacionales que más audiencia tienen en el país: Caracol y RCN.
Me pregunto ¿qué más puede exigirles uno a personajes como los de los ejemplos anteriores? Y ellos son solo una pequeña muestra de la vulgaridad de personajes que se ocupan de entretener e informar al país, porque como estos hay muchos otros. No es sino ubicarse en programas como Estilo RCN o Yo me llamo de Caracol, para darse cuenta qué tan bajo ha caído la programación.
¿Cómo puede un televidente luchar contra ese bombardeo de estupideces?: ignorándolos, cambiando de canal definitivamente porque hay otros canales y otros espacios que sí piensan en el televidente, en el consumidor de televisión como Señal Colombia, Teleantioquia, canal Zoom…, por citar solo algunos canales nacionales.
No hay derecho a que abusen de la ignorancia de los usuarios y que sigan alimentando esa ignorancia con enlatados que se repiten día tras día, telenovelas antiguas, buenas o malas que no paran de circular de horario en horario, personajes que hablan mal, actúan mal, presentan mal e irrespetan constantemente a los usuarios con la mala calidad de los contenidos de los programas.
¿Qué sabemos, por ejemplo, de lo que sucedió en el Hay Festival de Cartagena? ¿Qué sabemos de lo que pasa durante el Festival de poesía que se celebra cada año en Medellín? ¿Qué saben los colombianos del Festival de Teatro de Manizales, o del de Bogotá? ¿Qué sabemos de la programación nacional o regional del Área Cultural del Banco de la República?
Seguramente sabemos muy poco porque lo que informan los canales mencionados no da para analizar o criticar dichos certámenes, para decir si son buenos o malos o para entablar una mínima conversación con alguien sobre el tema. Da hasta pena ajena observar a las presentadoras que envían a cubrir dichos certámenes con la cantidad de preguntas estúpidas con que abordan a las “sí” figuras participantes en ellos.
Esta reflexión me conduce a pensar en los Programas de Comunicación donde se forman los profesionales que hacen la televisión colombiana. Y viendo tanta basura considero que no es necesario estudiar cuatro, cinco años para desempeñar esa clase de oficio. Lo que vemos es que eso lo puede hacer cualquiera sin necesidad de “quemarse las pestañas”.
Los futuros profesionales deberían pensar si quieren ingresar al circo o, por el contrario, crear empresa, crear canales o espacios serios donde se piense en la inteligencia del televidente y no se le agreda con programas que menosprecien su capacidad para discernir sobre los hechos. Programas en canales independientes o en canales regionales que brinden otras opciones al televidente, que se promocionen como lo hacen los ya mencionados pero con contenidos de calidad.
Jóvenes emprendedores, honestos, inteligentes es lo que necesita el país en cuestión de televisión. Gente que no se vaya por el facilismo y la frivolidad del show, que cuente historias a través de la noticia, la crónica, las telenovelas, los corto y largometrajes pensando siempre en elevar el nivel del consumo cultural en Colombia, que haga televisión para educar, no para engañar o alimentar la ignorancia de quienes todavía consideran a la televisión como el medio a través del cual mejor se informa y entretiene.
Esa tarea es de las Facultades y de los Programas de Comunicación. No creo que un maestro planee clases para que sus estudiantes salgan a la vida profesional a producir videos como los mencionados o contenidos tan miserables como los de esos videos.
Además de insistir en la formación humana y ética de estos estudiantes es preciso decirles todos los días en todas las clases: están estudiando para ser los mejores en su profesión, para competir con los mejores, no para servir de payasos serviles a quienes ostentan como verdad irrefutable que al pueblo hay que darle “pan y circo” para mantenerlo contento. Al contrario, países europeos y asiáticos han demostrado que un pueblo educado es un pueblo apto para exigir, analizar, criticar y mejorar su entorno, para evitar que lo atropellen o abusen de él, para elevar su calidad de vida.
Y ya nos han dicho que los medios educan. Pero lo hacen cuando quienes se ocupan de ellos son personadas educadas, formadas en el campo de las humanidades y en el campo disciplinar. Esa es la tarea de los Programas de Comunicación y esa debería ser su razón de ser.