miércoles, 31 de agosto de 2011

El libro

 
EL FUTURO DEL LIBRO
Había una vez un señor que vivía en un pueblo, uno de esos pueblos tristes en donde el tiempo parece haberse detenido, porque sus casas, sus calles, su gente perdieron la edad.
Este señor había llegado de la Costa Caribe colombiana a las tierras cafeteras, huyendo de un matrimonio decretado por un embarazo no deseado.
Allí, en ese pueblo, se quedó a vivir, se casó, aprendió a coger café, a rondar de finca en finca en la época de la cosecha.  Se convirtió en lo que nosotros conocemos como “jornalero”.
Había terminado su bachillerato, era un hombre culto y no sé de dónde provenía ese gusto, mejor, ese apetito voraz por la lectura.  Desconozco los antecedentes de este vicio.  No sé si en su familia hubo personas ilustradas, si hubo un padre o una madre con cierta formación académica, o de pronto un tío, una tía que tuviera tal vicio de leer.  De pronto un maestro, o una maestra que leía cuentos o contaba historias en la clase, o que ambientaba ésta con poemas.
Lo cierto es que este señor cargaba una enorme maleta en la que llevaba, además de su ropa, unos cuantos objetos de uso personal.  Pero el peso desmesurado de la misma lo producían los libros que lo acompañaban entre caminos de herradura, cafetales, las muchachas de las fincas, sus sueños y sus nostalgias.
Cargaba también dentro de ella la edición dominical de El Espectador y su Magazín Dominical, una costumbre que conservó durante toda su vida, la de leer durante toda la semana hasta la última página del periódico de los domingos.
Pero, ¿de qué trataban los libros que guardaba en esa maleta? Literatura: cuento, novela, poesía.  El Quijote encabezaba la lista, una edición viejísima, preciosa, cuyo valor hoy sería incalculable.  Y Las mil y una noches que releyó muchas veces bajo los palos de café, o a la sombra de un árbol de guamo, aguacate, no importaba dónde porque su disposición para hablar con los libros iba más allá del tiempo y del espacio.
Los momentos de ocio, los muy pocos espacios de tiempo libre que deja la dura vida del campo, los llenaba con la magia de las historias de sus libros.  Era extraño ese hombre mezclado con labriegos venidos de todas partes, sin ningún saber más allá de la tierra y el café.  Y era extraño porque él había viajado más lejos con su imaginación y tenía como nadie el don de la palabra, cuando de contar historias se trataba.
Porque aprendió a contar sus propias historias, a expresar en cuentos y poemas la amargura que llevaba dentro, generada quizá por las vueltas de un destino que se le salió de las manos.  En esos tiempos, años 50, todavía no era un señor, era un joven que soñaba con ser el creador de historias que leerían muchas personas, como leía ahora él a sus narradores favoritos. 
Una mujer que lo conoció cuenta que cuando este hombre llegó a la finca donde vivía la mujer que después sería su esposa, en busca de trabajo, le brindaron una habitación con los demás jornaleros, y en los días domingo, cuando se iban para el pueblo o para la fonda a invertir el jornal de la semana en aguardiente y mujeres, ella se encerraba a escondidas en ese cuarto, vaciaba la maleta de este hombre hasta encontrar los cuadernos de poemas que leía y se aprendía de memoria, para después endulzarle el oído a su novio.
La frustración surgía cuando el hombre no se perdía el domingo, porque se encerraba todo el día en la soledad de ese espacio y se dedicaba a leer y a escribir lo que después, cuando se diera la oportunidad, ella leería.  Por eso esta mujer afirma que a este hombre le tocó vivir una vida que no era la suya, que no se merecía.
Y tal vez sea cierto.  Se forjó un destino equivocado.  Se casó, tuvo hijos, anduvo por la vida montando negocios que se desbarataban solos, pero su pasión por la lectura siguió intacta.  Cuando su esposa le botó los libros que cargaba en la maleta porque eran un estorbo en los trasteos, entonces empezó a leer los libros que sus hijos adquirían para las tareas de la escuela.
Al final de su vida releyó todas las obras de García Márquez que encontró en la biblioteca familiar.  Unas semanas antes de morir estaba leyendo La bruja, de Germán Castro Caycedo, pero no alcanzó a terminarla porque una enfermedad lo venció.
Y, ¿por qué esta historia?
Para decir que así como este hombre cargaba los libros en su maleta, nosotros hoy los cargamos en la memoria USB, en el portátil, en el IPAD… Eso significa que el futuro del libro no es tan incierto, que cambia el formato, de pronto la presentación, pero el concepto de libro como lo conocemos hoy seguirá vigente durante mucho tiempo.
¿Cómo son los libros en la red? Tienen portada, contraportada, varias páginas enumeradas… Es el mismo concepto.  La red es hoy la gran biblioteca con entrada libre, gratuita, sin carnet, a la cual puede acceder cualquier persona desde cualquier parte en cualquier momento.
Cuando un profesor pide un libro para la clase algunos estudiantes llevan el libro impreso, otros llevan el portátil y desde él comparten sus experiencias con el libro, igual a como lo hacen quienes llevaron su libro de papel.  No se trata aquí de discutir sobre las ventajas o desventajas de uno u otro soporte, sino de repetir que libro es libro, no importa sobre qué soporte esté escrito.
Pero hay otros aspectos que sostienen la tesis de que el futuro del libro es prometedor, de que no está en riesgo.  Uno de ellos se refiere a la construcción de megabibliotecas en diferentes ciudades del mundo, caso Bogotá, por ejemplo, con el Centro Cultural Biblioteca Pública Julio Mario Santo Domingo, y más cercana y no tan grande ni tan reciente, la construcción de la sede de la Biblioteca del Banco de la República, en Pereira.
También se cuenta el hecho de que estamos viviendo en una época en la que, si no publicas no existes.  Sobre todo en las universidades, publicar se convirtió en una obsesión.  Y no precisamente “publicar en la red”.  Priman las publicaciones impresas a la hora de evaluar la producción académica.  Cualquiera puede afirmar sin temor a equivocarse, que quizá nunca, en la historia de la humanidad, se habían publicado tantos libros como en los últimos años.
La calidad de esas publicaciones es otro tema, no el que nos interesa aquí.
Finalmente, si los libros contienen la historia del ser humano, si son su memoria, el espejo en donde miramos de dónde venimos, cuáles han sido los logros más grandes y los fracasos más profundos de la humanidad, entonces quien escribe este texto no concibe un futuro sin ellos, sin los libros.  Eso sería como si un hombre perdiera la memoria.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Reseña

Palabras contra el olvido
¡PLOP!
Rigoberto Gil Montoya
Género: Novela
El Arca Perdida Editores
2006 – 132 páginas


Leyendo un artículo de opinión titulado “El valor del artista”, a propósito de las fiestas de la Cosecha en Pereira y su programación cultural 2006, decía Diego Leandro Marín Ossa, Comunicador Social y Periodista, que “La obra de arte sí perdura en el tiempo, sí cautiva a su público, sí le dice algo a las generaciones nuevas o antiguas, gana eternidad.  En la ciudad (Pereira) esto no importa mucho, pues se privilegia el exhibicionismo en los eventos sociales, en carteleras y en encuentros culturales, donde es más importante ganar adeptos que generar obra y público.  Pero la importancia del arte como materia sensible que dice algo de un pueblo, no se percibe en el ambiente cultural”.

En este sentido y para hablar de una de las novelas del escritor risaraldense, Rigoberto Gil Montoya, es preciso tomar distancia para evitar en lo posible que la cercanía del personaje contagie la palabra crítica, y poder hablar de la novela de uno de los pocos grandes narradores de esta región en el momento.  ¡PLOP!, novela finalista en el Primer Concurso de Novela Breve Álvaro Cepeda Samudio, (2003), convocado por la empresa Sistemas y Computadores S.A. y su proyecto cultural (Sic) Editorial de Bucaramanga, Colombia.

Nueva Mercedes, (como la Macondo de García Márquez, la Comala de Rulfo, o la Santa María de Onnetti...) es el nombre de la ciudad creada por el autor para recrear una historia en la que confluye una serie de elementos con los cuales el lector reconstruye su propia representación de ciudad, de una época y de todo lo que implica ser habitante, no sólo de ésta, sino del mundo; elementos que nos llevan a mirarnos por dentro, a cuestionarnos sobre nuestro papel como seres humanos y nuestro comportamiento frente a lo que nos rodea: “…Nueva Mercedes, ciudad construida en la segunda mitad del XIX por arrieros, putas y mercachifles provenientes del interior…”

¿La identificamos nosotros? Podría ser cualquier lugar de esos por los que pasaron los arrieros antioqueños derrumbando monte, sino fuera porque ésta, está plagada de espacios que nos son comunes: barrio San Judas, Café Anarkos, Álamos, el Balso, Leningrado, Bavaria, La Julita, Barrio Providencia, Villa Santana, Parque Olaya, La Badea, Paradero del Otún en el Puente Mosquera, Tienda El Pavo, Teatros Centenario y Karka, La Avenida 30 de Agosto, Iglesia La Valvanera, Plaza de Bolívar, etc., etc., etc.,; de personajes que hemos visto o escuchado en los medios, en la calle, o personalmente: Gustavo Colorado Grisales, Hugo López, (El Che), Monseñor Hoyos, Germán Ossa, (Geross), Héctor Escobar, (El diablo)...; y de historias que no nos han sido ajenas como esas de desapariciones forzadas, de muertes increíblemente macabras, de matanzas, de exilios, la de la mano negra de aquellos para quienes los indigentes y los maricas no son humanos, sino la vergüenza de Nueva Mercedes, aquellos para quienes, como dice William Ospina, el escritor y ensayista colombiano, “piensan que los miserables son los culpables de la miseria y salen a asesinar bajo los puentes”.  Y de una época de miedo que aún pervive.  ¿Podríamos identificar nuestra ciudad con estos datos y con todos los otros que nos da la novela?

Tenemos para adentrarnos en ella a un narrador que, apropiándome de las palabras con que lo llama Diana Muñoz en un trabajo realizado sobre la novela de Fanny Buitrago, Señora de la Miel, podríamos decir que es un narrador chismoso, que empieza por hablarnos de él: “…mis aspiraciones no estaban muy claras y me sentía solo, sin que hubiese encontrado alguien que compartiera parte de mi mundo personal, simple y monótono…”…”La verdad, buena parte de mis amigos dejaron de interesarme cuando se casaron o decidieron convivir con alguna de las muchachas de la tercera o Bavaria (…), mientras procuraba, sin entusiasmo, tener cierta privacidad en el último cuarto de la casa de mis viejos…”

Este narrador, periodista, pajizo irredento y con indigestión estomacal, nos lleva a adentrarnos en la historia de esos personajes que bien podrían ser nuestros vecinos, cuando nos dice cosas como estas: “…Conrado, un hombre bajito y rechoncho, con sus manos callosas y su rostro manchado por el sereno, de quien se decía que había tenido un hijo de su hermana y la mujer que ahora lo acompañaba administraba un burdel de medio pelo en la calle principal de La Cumbre.  Le dicen Rita y cuentan las Giraldo que a veces lo amenaza con meterle un tiro en la cabeza, si decide vender la colección de discos de cuarenta y cinco revoluciones, herencia de su abuelo…”  “…Beatriz, la hija menor de los Giraldo, estaba embarazada de su novio y en el estanquillo se decía que el tipo, de nombre Javier, era más bien irresponsable, porque incluso ya estaba casado con una peluquera de Villa Santana, pues lo habían visto con ella, muy amacizado, por los senderos del parque Olaya Herrera…”

Todo lo dicho hasta aquí, y otras cosas no dichas porque hay que leer la novela, sirve de pretexto para que el “Estimado periodista, voz de todos”, cuente una historia en la que él mismo se ve involucrado: “…Nando, Luis Fernando, hijo de Virgelina Cano y Antonio Molina. Domicilio: calle 4 No. 19-47, Barrio San Judas. 34 años. Señas particulares: cejas espesas, cicatriz pronunciada en el mentón, lunar rojo en su muñeca izquierda, lunar grande a la altura de su cuello…”; compañero de infancia del narrador, desapareció misteriosamente en la época en que se iniciaron las desapariciones, las torturas, aparecieron cadáveres con signos de tortura en las calles, en los basureros y en el río Cauca, por los lados de Marsella. 

La sensibilidad del comunicador, pero más que eso, el amor que siente por la esposa de su amigo desaparecido, Susana, la puertorriqueña, lo llevan a acercarse a ella y a comprometerse desde su columna en El Diario, con la denuncia de la desaparición y la búsqueda de Nando, lo que a su vez trae como consecuencia el que a su puesto de redacción lleguen cartas amenazantes no precisamente contra él, sino contra su familia.  Las cartas vienen firmadas con un seudónimo, “El propio”, alguien que conoce todo acerca de la vida del periodista, de sus gustos, de los lugares que frecuenta, de los tenis que usa y hasta del amor que éste cree secreto por Susana.

No sabemos en qué terminan las amenazas, lo que sí sabemos es que al final de la historia el narrador se involucra con la esposa del desaparecido, la única que ha logrado moverle el piso y sacarlo de su soledad: “….pero ya, detengámonos, porque voy a salir esta noche contigo, se quedarán sin coartada los criminales y serás mi invitada en paraísos artificiales.” 

Hasta aquí ustedes podrán decir que es una historia sencilla y hasta con un argumento flojo.  Pero habría que adentrarse en sus páginas para descubrir que detrás de ese humor, de las ironías, de los chismes, del lenguaje común, de la forma como se van entretejiendo las historias, a partir de fragmentos de baladas, citas de cine, anuncios comerciales, programas de televisión, entre otras, hay un reproche del narrador por nuestro silencio frente al dolor del mundo y nuestra inexplicable indiferencia: “…mientras atisbo por la ventana cómo cae agua a borbotones desde hace meses y cómo el miedo toma cuerpo en este país incierto…”; “…Y la historia está ahí, para evidenciar y enrostrar nuestra culpa, la amnesia patética y patológica…”

Sin embargo, la novela no se queda en Nueva Mercedes, trasciende con tragedias como las citadas en el capítulo PAÍS SECRETO, donde encontramos historias tan terribles que lastimosamente ya no conmueven: “…Habrá un retén, todos en la escalera lo saben, lo sabemos y nos miramos con desconfianza, lívidos, y todos nos preguntamos mirando al piso, ¿seré yo, señor, será este muchachito de al lado? No fue ella pero sí ese muchachito de doce años.  Alcanzó a coger su mano izquierda, segundos antes de que lo señalaran, así, de frente y ella sintió el frío en su mano, qué más podía sentir, ¡basta de figuras envejecidas!  Bajó del bus-esclarea sin ánimo, casi desmayándose y ella sintió lástima de sí misma, de la mirada perdida, casi estúpida de los otros que se no atrevían a voltear sus ojos palpitantes, pesados, mientras el hombre del cabello largo consultaba la lista y pronunciaba nombre y apellido, sin equivocaciones, severo, Carlos Naranjo Tangarife, y este muchachito asintió, triste, ya cansado y sonaron muchos disparos y la sangre explotó, se derramó, llegó hasta mí, lo juro…”

O como la de un país, también sureño, de donde llega la obsesión por Condorito de este narrador ¿o podría decir autor?  Allá hay muertes, desapariciones, torturas, masacres cometidas por fuerzas de derecha en donde, así nos lo muestre con humor e ironía, hasta las historietas de Condorito pueden resultar subversivas. Los personajes de Pelotillehue: Garganta de lata, Yayita, Doña Tremebunda, el compadre Chuma, Ungenio González, hasta Washington, el perro, son peligrosos para el régimen; su periódico “El Hocicón”, Diario pobre pero honrado, es sospechoso, y el bar “El tufo”, es un sitio clandestino. 

No, no es mentira, con su humor ácido, el narrador nos muestra que en el mundo sucede lo mismo y ahí está la universalidad de la obra, su poder de trascendencia, su capacidad para encarnar en el dolor de unos, el dolor de todos los que han vivido situaciones similares.  Pero también la pasmosa frialdad, la indiferencia, la costumbre con que hoy vemos ese dolor y ese sufrimiento ajeno, hasta que no nos toque y nos saque del marasmo en que vivimos.  Por eso ¡PLOP! no es sólo la historia de un desaparecido, ni una historia de amor, ni un juego de palabras y citas venidas de todos lados, (la intertextualidad juega en la novela un papel determinante), ni mucho menos, sólo de chistes, de humor.

Es, diría yo, ese “tiestazo” que necesitamos para despertar y entender que hay que recuperar el sentido del mundo y del hombre, que la espiritualidad humana, su esencia, tienen que estar por encima de todo lo que la industria, la economía, el Estado, los medios y todas las otras fuerzas oscuras que se mueven como sombras, quieren mostrar como si fuera la única realidad.  Porque la novela es y ha sido una acompañante del hombre que le ha servido, no para denunciar, sino para recordarnos que ahí está esa otra historia, la que no nos dejan ver los manipuladores del poder, la historia de seres comunes y corrientes que también protagonizan hechos, que algún día, cuando nos toque, si nos toca, podrá ser nuestra propia historia.  Y lo que pasa en Nueva Mercedes ha pasado, está pasando y puede pasar en cualquier lugar del planeta.

Esta edición de ¡PLOP! podrán leerla muchos otros habitantes de la ciudad y de otros lares para que hablemos un lenguaje común, que no sea sólo para rendirle un tributo exhibicionista al amigo, sino para entender que ésta es una novela que encierra los destinos de muchos hombres y mujeres, tan cercanos y a la vez tan alejados de nuestro destino, porque así lo hemos querido con nuestro desprendimiento y nuestra inmensa capacidad para el olvido.  Mientras exista Nueva Mercedes en el imaginario de Rigoberto Gil Montoya, seguiremos encontrando narraciones excepcionales por su historia y por su calidad literaria en la que se encierren palabras contra esa forma de olvido en que nos escudamos para ignorar la realidad, cuando ésta no es nuestra, sino del otro.

La lectura 7

Fuente: mundotech.net
 7.  Pero también muchos ambientes basados en la Red presentan barreras de aprendizaje que pueden provocar que lectores competentes de textos convencionales se vean sobrecargados cognitivamente y frustrados emocionalmente (Delaney & Landwo, 1991; Eagleton & Guinee, 2002). El hipertexto y las características interactivas están en capacidad de ofrecer demasiadas posibilidades de elección y demasiadas animaciones que pueden distraer y desorientar a lectores que de otro modo, son buenos lectores.
Una investigación de Robin (2000) muestra que a medida que los niños progresan en la escuela, su interés en leer por disfrute y su motivación de leer para aprender, disminuyen (Robin, 2000). Sin embargo, los maestros pueden usar aplicaciones tecnológicas para hacer que los estudiantes participen en un aprendizaje real estimulante. Un estudio reciente de la Asociación de la Industria del Software y la Información muestra que las nuevas tecnologías educativas ayudan a “mejorar la autoestima y las actitudes hacia el aprendizaje, especialmente cuando se usan en el contexto de actividades de aprendizaje en grupo” (Solomon, 2002, p. 19).
“Los tres elementos de la comprensión de lectura a saber, el texto, la actividad de leer y el lector, ocurren dentro de un contexto sociocultural más amplio“ que influye en el modo como los aprendices de competencias interpretan y transmiten información (Grupo RAND de Estudio en Lectura, 2002, pg. XV). El reporte del Grupo Rand enfatiza la importancia de la comprensión de lectura como actividad social. Otros investigadores apoyan la misma idea (Gee 2001; Rosenblatt, 1983, Tovani, 2000). Las herramientas locales de tecnología y los ambientes en Red, proporcionan nuevas oportunidades estimulantes para la interacción social y la colaboración con otros. (Leu, 1996; Leu & Kinzer, 2000; Reinking y cols., 1998). La retroalimentación inmediata de la contraparte y las oportunidades de compartir con audiencias globales auténticas, pueden promover pensamientos de orden superior, habilidades de comunicación y una comprensión más profunda del texto.
Muchos proyectos de Internet han puesto a interactuar con nuevas tecnologías tales como los intercambios sincrónicos de información, jornadas de conversación en línea, chats en tiempo real, a miles de estudiantes provenientes de más de 80 países.
“La revolución no está restringida por los alcances de la tecnología, sino por nuestras propias ideas y dedicación, para ayudar a orientar la evolución de estas nuevas herramientas de comunicación” (Boone & Higgins, 2001). En términos de la enseñanza de competencias en el siglo XXI, “La pregunta de qué enseñar está acompañada por una igualmente urgente: cómo enseñar” (Wood, 2000, p. 119).
Cuando los estudiantes no son guiados en su proceso de lectura, se encuentra entonces el acto de copiar y pegar, porque no hay disposición crítica para saber lo que sirve y lo que no sirve, igual que con los libros.

La lectura 6

6. Brunner y Tally (1999) señalaron siete “hábitos de la mente” (p.36) que ayudan a aclarar la forma en que los estudiantes pueden procesar y abordar los medios tradicionales y los nuevos. Los estudiantes deben tener en cuenta preguntas críticas como las siguientes: ¿Qué perspectiva específica de la realidad se está presentando? ¿Cuáles son los valores explícitos o implícitos contenidos en el texto? ¿Cuáles son las claves de comunicación que se usan en este texto y cómo afectan la forma de interpretar la información? ¿Cuál es el grupo objetivo al cual está dirigida la información y cómo podrían diferentes grupos interpretar el texto? Brunner y Tally señalan que si queremos desarrollar pensadores profundos y flexibles, capaces de comunicar y resolver problemas difíciles, es fundamental ayudar a los estudiantes a evolucionar de una situación pasiva de absorción de información a una de creación de hábitos con los cuales sean capaces de construir argumentos, tomar en cuenta evidencias y aplicar juicios de manera creativa (p.35).
Un segundo conjunto de los nuevos procesos de comprensión en Internet, que se basa en las habilidades tradicionales de investigación y síntesis, involucra la capacidad para buscar, ubicar y establecer conexiones entre recursos, de múltiples y diversas perspectivas. Las herramientas electrónicas exigen nuevas competencias tales como la manipulación de bases de datos electrónicas, la utilización de múltiples motores de búsqueda y la navegación de guías jerarquizadas por temas. Así como las nuevas competencias en medios, las nuevas técnicas de búsqueda son habilidades fundamentales que debemos enseñar, en la medida en que nos esforzamos por desarrollar lectores competentes en el futuro.
Las consecuencias de la lectura también se consideran como parte de la actividad de lectura y pueden incluir el conocimiento que ha obtenido el lector, las aplicaciones que haga de estos conocimientos y el nivel de compromiso que mantenga mientras está involucrado con un texto (Grupo de Estudio de Lectura RAND, 2002). Las anteriores también se pueden considerar consecuencias de la lectura en Internet, pero los ambientes de aprendizaje basados en la Red pueden brindar oportunidades para obtener una mayor diversidad de conocimientos, más aplicaciones personales y niveles de compromiso más altos. Varios sitios Web en Internet incluyen actividades que incrementan la conciencia social desde una perspectiva histórica y a la vez visual, llevando a los lectores a participar en la construcción de nuevos conocimientos, de los cuales pueden beneficiarse otros.
Recientemente se ha encontrado que los ambientes apoyados por el computador hacen que los lectores clasificados como “en riesgo” o con dificultades de aprendizaje, se involucren de tal manera que esto les ayuda a compensar sus dificultades con la lectura”. (McKenna, Reinking, Labbo, & Kieffer, 1999, p.113).

La lectura 5


lectura


5.    TEXTOS INTERACTIVOS: Además de las características del hipertexto y
de la hipermedia, los ambientes de texto basados en la Red son interactivos por su naturaleza misma. A los lectores se les invita a ser coautores de los textos en línea, a medida que los navegan por varias rutas, y construyen una adaptación personal de la información que contienen. Los textos convencionales, por otro lado, presentan la información conformada por el autor, y los lectores tienen poca elección fuera de seguir la trama o la estructura de exposición que tenía en mente el autor. En un texto convencional los lectores pueden elegir saltar a través de las páginas siguiendo un orden diferente, pero la mayoría de estos textos se han diseñado para ser leídos de manera lineal, y sus características no son maleables.
Goldstone (2002) observó que los autores de textos postmodernos han empezado a funcionar más como facilitadores, invitando a los lectores a construir activamente su propia historia “participando en la construcción de la trama, aportando elementos faltantes en la estructura de la historia, y atando cabos narrativos menores” (p.366). Los textos en Internet se convierten en ambientes interactivos en oposición a las palabras estáticas impresas en una página. Los textos digitales también ofrecen oportunidades para interactuar con otras personas utilizando herramientas ofrecidas por los programas, tales como foros de discusión activos y ambientes sincrónicos de “Chat”, que a su vez exponen al lector a una gran cantidad de perspectivas diferentes. Finalmente, herramientas de diseño sencillas permiten a los lectores elaborar sus respuestas personales a la información y publicarlas en línea para compartirlas con otros.
De nuevo, se requieren nuevos procesos de comprensión para estos ambientes electrónicos de texto. Con los textos tradicionales, los procesos de pensamiento previos a la lectura se centran en preguntas tales como: ¿Qué sucederá a continuación? ¿Qué sé yo sobre este tema? ¿Cuál es el objetivo del autor? ¿Qué espero yo aprender de este texto? Sin embargo, dentro de los ambientes interactivos de la Red, los lectores competentes también necesitan planear respuestas a preguntas como las siguientes: ¿Cómo debo navegar dentro de esta información? ¿Cómo puedo esperar interactuar con este ambiente? ¿Cuál es mi papel o tarea en esta actividad? ¿Qué le puedo aportar a este conjunto de conocimientos?
La actividad de la lectura incluye el objetivo, el proceso y las consecuencias de una actividad. Las tareas de comprensión basadas en Internet amplían nuestra comprensión de estos elementos, porque presentan objetivos de lectura nuevos, procesos de pensamiento más críticos durante la lectura, y ejemplos nuevos de respuestas reales después de la lectura.
La naturaleza de la información en Internet sugiere una nueva integración de estos procesos que exige que todos los lectores adopten una posición más crítica hacia los textos, o de lo contrario se arriesgan a ser engañados, persuadidos o parcializados sin darse cuenta.
Validar información en línea y reconocer en ella propaganda y sesgos, tres competencias críticas vitales para los lectores en Internet.  Los lectores deben estar preparados para diferenciar los hechos reales de las opiniones y la verdad de la ficción.

La lectura 4

Fuente:  rmm.cl390 × 400 - Guía ...

4.  Pero esta tecnología no ya tan nueva exige del lector nuevas habilidades y
destrezas.  Exige, además de la lectura en forma tradicional (descifrar el código y descifrar el sentido del texto) el conocimiento y el manejo de nuevas herramientas.  Es decir, la lectura se volvió más compleja, considero, contrario a lo que los mismos jóvenes piensan, que hoy es más difícil leer que ayer.  Antes sólo teníamos que tomar el libro y éste nos brindaba la información que necesitábamos, pero si no era suficiente, pues íbamos a otro libro, o a otros, y complementábamos la información.  En esta época, además de poder ir de enlace en enlace, siguiendo las pistas que nos sugiere el texto electrónico, tenemos que saber manipular el computador, navegar en internet, manejar los buscadores, seleccionar la información precisa para descartar la basura, y al llegar al texto que necesitamos, si queremos complementar o ampliar la información, ir a los enlaces que nos conducen hacia videos, fotografías, audio… y regresar al texto sin perdernos.  Eso cambia el esquema mental por completo porque me hace partícipe en la construcción del conocimiento y me obliga a utilizar nuevas habilidades de pensamiento y a emplear sobre todo, el razonamiento deductivo.
Las formas de texto tradicionales incluyen una combinación de dos tipos de medios: impresión y gráficas bidimensionales. Los textos electrónicos pueden integrar una serie de símbolos y múltiples formatos multimedia, que incluyen iconos, símbolos animados, fotografías, caricaturas, publicidad, audio y video clips, ambientes de realidad virtual, y nuevas formas de presentar la información con combinaciones no tradicionales en cuanto al tamaño y el color del tipo de letra (Brunner y Tally, 1999, Reinking & ChanLin, 1994). Para los lectores, estas representaciones multimedia exigen nuevas maneras de pensar sobre cómo acceder, manipular y responder a la información.
A propósito de lo anterior, “vivimos en una sociedad que está experimentando una explosión de textos alternativos”, señala el Grupo de Estudio sobre Lectura, RAND, (2002, p.xiv), quien además considera que “los textos electrónicos que incorporan hiperenlaces e hipermedia, presentan algunas complicaciones en la definición de comprensión, porque requieren habilidades y destrezas que van más allá de las que se requieren para la comprensión del texto impreso lineal convencional.” (p.14) [2].
Los textos basados en la Red son no-lineales, interactivos e incluyen formatos de multimedia.
Hechos que afectan la comprensión de lectura:
-       El lector que está realizando el proceso de comprensión,
-       el texto que se debe comprender,
-       y la actividad en la cual está enmarcado el proceso de comprensión.”
Estos tres elementos se dan en el contexto sociocultural del salón de clase, el hogar, y el vecindario del lector, y también ayudan a éste a interpretar información y crear significado personal.
La comprensión ampliada del texto; la actividad de la lectura; el lector y el contexto social; y los esquemas descritos dentro de cada uno, reflejan los elementos de la comprensión heurística de la lectura del Grupo de Estudio en Lectura RAND.
Internet nos fuerza a expandir nuestro entendimiento sobre cada uno de estos elementos mediante la consideración de nuevos aspectos de la comprensión que están claramente relacionados con áreas de la comprensión tradicionales, como por ejemplo ubicar las ideas principales, resumir, hacer inferencias y evaluar, pero también requieren procesos de pensamiento fundamentalmente nuevos. Internet ofrece oportunidades para interactuar con formatos de texto nuevos (por ejemplo el Hipertexto y múltiples medios interactivos que requieren de nuevos procesos de pensamiento); nuevos elementos en el lector (por ejemplo nuevos objetivos o motivaciones, nuevos tipos de conocimiento sobre antecedentes y habilidades cognitivas de orden superior que se desean adquirir); y actividades nuevas (por ejemplo la publicación de proyectos en multimedia, verificación de la credibilidad de imágenes y participación en intercambios sincrónicos en línea). Así mismo, Internet amplía e influye en el contexto sociocultural en el cual el lector aprende a leer, brindando oportunidades para colaborar compartiendo y respondiendo a información entre continentes, culturas, e idiomas.

La lectura 3

 
Fuente:tenemosunplan1.blogspot.com 500 × 342 - Lectura de "El Quijote" u otra obra el día del libro.

3.     El texto no lineal.  La formación que recibimos durante generaciones
nos preparaba para enfrentarnos a textos lineales, impresos o audiovisuales.  Por ejemplo, la historia de los países, de la independencia, de las conquistas, todas se ofrecen en los libros de forma lineal.  Los cuentos infantiles conservan una estructura que nos enseñaron, casi desde la cuna, que todo relato tiene inicio, nudo y desenlace, y así crecimos leyendo novelas y cuentos, viendo telenovelas, películas y seriados que conservan la misma estructura.  Los libros impresos son lineales, empiezan en la página uno y terminan en la… Es el esquema que la humanidad ha guardado en su memoria generación tras generación.

Pero, hablo desde la literatura, a finales del siglo XIX y principios del XX, la novela nos enseñó que la noción de tiempo lineal es humana y que como tal, se puede pervertir.  Marcel Proust retrocedió en el tiempo hasta su infancia y a través del recuerdo, En busca del tiempo perdido, nos reconstruyó la historia de su vida, pero también la historia de Francia en el siglo XIX. Entre el ir y volver de su mente, del presente al pasado y viceversa, nos dijo que el tiempo sólo es medible para controlar y cuantificar los distintos periodos de la historia del ser humano, pero que éste como tal fluye y refluye, se detiene, se inmediatiza, se hace presente y presente continuo, no es sólo pasado, presente y futuro.  Es decir, que el tiempo como tal es inaprensible, y que podemos jugar con él dependiendo de nuestras necesidades y nuestros deseos.

Pero así como el tiempo es subjetivo, la construcción de la historia también lo es.  Y entonces empezaron los escritores a jugar con la paciencia del lector porque sus historias dejaron de ser lineales, nos cambiaron la estructura, el esquema original, y el cine le siguió el juego.  El laberinto del fauno, la parte que corresponde a la ficción, esa historia sólo sucede en la mente de la protagonista que nos muestran al inicio de la película, a punto de morir, pero mientras agoniza recoge un fragmento de su vida para explicarnos lo que la llevó a ese estado con el que se inicia la historia.  Fue el haberse negado a sacrificar a su hermano bebe a cambio de regresar a su reino (se creía princesa), pero desde la Historia, fue la guerra Civil española y lo que le tocó vivir al lado de su madre y su padrastro.  Un tiempo circular, como en Crónica de una muerte anunciada.
Eso es precisamente lo que encontramos en la red.  Un manejo del tiempo no lineal, las historias allí no son lineales, nuestro acceso a la información no es lineal, navegamos de un lado a otro, saltamos de un enlace a otro y vamos construyendo nuestra propia historia sin tiempo, tejemos nuestra propia red.  Y esto ya es un reto para quien se enfrenta a la lectura en este medio.  ¿Cómo ir de un enlace a otro sin perder el objetivo o el propósito de la lectura?  En este punto encuentro la primera obligación como lectora de textos en la red: ¿cuál es mi objetivo de lectura?  Si lo tengo claro puedo decidir hasta dónde llegar y eso da la sensación de libertad, porque soy yo quien, de alguna manera, voy construyendo el conocimiento como lo quiero y necesito.

La lectura 2


2.    En cuanto a la cantidad de información que hoy nos envuelve, hay
Quienes afirman que hoy sabemos de todo pero no conocemos nada, porque es tal la avalancha de información que nos llega, que no nos da tiempo de digerirla, de procesarla y de leerla de una forma crítica para extraer nuestros propios criterios.  Entonces dejamos que otros piensen por nosotros, esos nuevos medios que nos dicen lo que hay que saber, dónde y cuándo hay que saberlo.

Hemos confundido la información con el conocimiento.  Pero esa telaraña de información impacta además la forma de la escritura, puesto que, si leemos los textos de nuestros estudiantes, nos damos cuenta de que sus ideas son fragmentadas, parece que se estuviera perdiendo la gramática de los textos por la incoherencia misma con que plasman sus ideas.  No las conectan, los párrafos son textos fragmentados, saltan de una idea a otra sin establecer ningún tipo de relación entre ellas, o utilizan un párrafo para expresar el análisis de un concepto, de un libro, de una película, y la disculpa es siempre la misma: es que yo soy muy concreto, no me gusta la carreta.
Conocimiento que le llevó a la humanidad años, a veces siglos para construir, ellos lo despachan en cinco líneas, sin ninguna profundidad.  Es decir, conoce el concepto de, por ejemplo en comunicación, la palabra masa, pero no sabe de él porque no es capaz de conectarlo con la realidad para hacer un análisis de lo que implica.

Lectura y nuevas tecnologías

La lectura
“Hoy, la definición de alfabetismo se ha ensanchado desde la noción tradicional de saber leer y escribir hasta incluir la capacidad de aprender, comprender e interactuar con la Tecnología de manera significativa” (Selfe citado en Pianfetti, 2001, p.256).
“Nunca antes ha sido tan necesario que los niños aprendan a leer, a escribir y a pensar en forma crítica”.  No es sólo cuestión de señalar y hacer clic. Se trata de señalar, leer, pensar y hacer clic” (Tapscott, 1998, p.63).
Consideraciones:
1.    ¿La red ha influido para que hoy se lea menos?
2.    Información y conocimiento
3.    Linealidad en tiempo y espacio
4.    Libertad lectora
5.    Abolición del lector pasivo, por el interactivo
6.    Habilidades y destrezas

1.     Desde que la imprenta revolucionó las formas de acceder al conocimiento, el acceso a la lectura ha sido restringida a unas minorías por múltiples razones, entre ellas por el sistema educativo que privilegia a unos grupos sociales y que frustra de alguna manera el gusto por el texto impreso; desde lo económico, el acceso a los libros limita también las posibilidades de gran parte de la población de disfrutar del placer que significa saber, conocer y disfrutar de la lectura.  Está el ejemplo de muchos maestros que no leen, o que se han matriculado en la cultura del facilismo, y entonces, para hacerles más cómoda la vida aparecen los libros de superación personal, que no le exigen mucho a la inteligencia de ellos, ni tampoco a la de los estudiantes. Y así podríamos seguir enumerando cantidad de razones por las cuales las personas que leen, en todas las épocas, corresponden a un limitado grupo social.

Las circunstancias hoy parecen ser iguales.  Es cierto que las nuevas tecnologías, en este caso Internet con sus redes sociales, sus libros electrónicos, el concepto de multimedia, hipertexto, entre otras, ha multiplicado y ensanchado las formas de acceder a la información, pero igual que como pasó con el libro, las formas de acceder al conocimiento son limitadas, porque no toda la población puede pagar un plan de internet, porque no toda la población tiene la posibilidad de comprarse un computador, y porque como pasó con el libro, no todos ven en su adquisición una inversión.

Podría asegurarse que hoy las personas leen más.  Claro, cuando chateo estoy leyendo, cuando realizo consultas tengo que leer, cuando busco los temas de preferencia en la red tengo que estar leyendo para ir de una página a otra, cuando escojo deportes, música, moda, lo que sea, debo leer para poder manipular el computador y para disfrutar lo que seleccioné.

Pero ahí es donde encontramos el problema.  En la selección y en la calidad de la información.  Es lo mismo que cuando accedía al periódico y leía sólo los deportes, y me gustaba comprar la revista Vanidades o Cosmopólitan para saber de moda, de farándula, de trucos de belleza.  O cuando al comprar libros, me iba a buscar el que me llevara al éxito, el que me enseñara a ser líder, a ser mejor en la cama, etc., etc.

Los lectores, por decirlo de alguna manera, profesionales, con red o sin red, siguen siendo una minoría.  Yo afirmo que los jóvenes de hoy leen más, pero no mejor que los de antes.  Por ejemplo, ¿qué leen en los mensajes que se envían por Facebook? Uyyy, qué helado tan rico, hace rato no disfrutaba de esta delicia y en tan buena compañía.  Te recomiendo el bar… van unos tipos de exposición.  Te dedico esta canción…  Nos vemos en el bar de…  Qué h.p. amanecí hoy.

Sí, leen mucho.  Pero de lo que se trata es de la calidad de la información a la que acceden.  Entonces digamos que la red ha influido para que hoy se lea más, pero no mejor, que la alfabetización funcional hoy es diferente: las nuevas generaciones se alfabetizan, aprenden a leer y a escribir, para poder navegar en la red, así como antes la gente se alfabetizaba para poder desenvolverse en la ciudad, en el centro comercial, en fin, para acceder a la información que le sirviera para poder vivir.

Pero más allá de la academia, de las aulas de los colegios o de las universidades, la lectura sigue siendo, para la gran mayoría, un ejercicio que se cumple por obligación, no por placer.  Y la red nada tiene que ver con ello.

martes, 23 de agosto de 2011

La tejedora de coronas

Desarraigo Cultural en
La Tejedora de Coronas

RESUMEN
Germán Espinosa es uno de los grandes escritores colombianos, autor de la novela “La tejedora de coronas” en la cual recrea el sitio de la ciudad de Cartagena, hecho importante de la historia de nuestro país, desde la mirada de Genoveva Alcocer, la narradora-protagonista de la historia quien, desde su conciencia crítica como sujeto cultural, inmersa en la cultura de la sociedad corrupta y pacata del siglo XVIII, traspasa su visión de ésta, viaja a Europa en este Siglo de las luces, se relaciona con muchos de los grandes pensadores de la época, entre ellos Voltaire, conoce la revolución del conocimiento que se opera en el viejo continente y regresa luego a su ciudad natal con la idea de transformar la mentalidad de sus coterráneos, pero termina condenada a la hoguera por la Santa Inqusición.  Desde esta visión de la mujer rebelde, crítica, sensual y agresiva que hay en la novela se presenta un análisis del sujeto cultural que hay dentro de ella, que asume su cultura, la evalúa, la critica y trata de imponer otros modelos para los cuales, quizá, aún no estaba preparada la sociedad cartagenera, se aborda esta obra de la literatura colombiana.


La Tejedora de Coronas ofrece al lector una historia articulada con base en la transgresión de valores y en el enfrentamiento de dos mundos opuestos: el del dogmatismo español, impuesto en tierras americanas, y el mundo de la Ilustración europea, un momento clave del desarrollo de la cultura occidental.  Desde el lenguaje de los personajes que habitan la memoria de Genoveva Alcocer, se tejen los hechos que se desarrollan allí.  La protagonista muestra una amplia visión de la época, asumiendo la palabra de quienes protagonizaron los momentos más importantes que nos describe, se apropia del lenguaje de cada uno de los discursos para mostrar como las cosas adquieren sentido cuando se enfrentan unas a otras.  La pobreza americana sólo se concibe cuando se observa el progreso de Europa, el totalitarismo y la esclavitud entran a formar parte de la conciencia crítica del ser, cuando se le enfrenta la visión de la libertad humana.  Pero todo sólo puede ser expresado, materializado a través del lenguaje, cuando éste penetra la subjetividad del individuo y logra evidenciar una respuesta concreta.  Es a través de él que se construye el hombre y es éste el que refleja la evolución del ser en su continuo devenir histórico.

Estas ideas conducen a la concepción de la protagonista como un Sujeto cultural, inmerso dentro de una cultura, la americana del siglo XIX, que interioriza, pero no participa de ella, no la comparte.  Por el contrario, rechaza todos los patrones que esta sociedad trata de imponerle y se acoge a los que están en boga en ese momento en Europa.  Ésto lo demuestra, como se afirma inicialmente, recogiendo a través del lenguaje, la palabra del otro.



BIBLIOGRAFÍA
ESPINOSA, Germán.  La tejedora de coronas.  Bogotá: Alianza Editorial Colombiana, 1982.
BAJTIN, Mijail.  Teoría y Estética de la novela.  Capítulo: La palabra en la novela.  Madrid: Taurus, 1989.
CROSS, Edmond.  El sujeto cultural.  Sociocrítica y Psicoanálisis.  Buenos Aires: Ed. Corregidor, 1997.